
Crédito: Antoine Mekary | ALETEIA
En el Ángelus, el Papa León XIV reflexionó sobre Jesús caminando sobre el agua ante fieles reunidos en San Pedro pese al intenso calor
n cualquier circunstancia, Jesús no nos abandona», aseguró el papa León XIV antes de la oración del Ángelus, este domingo 9 de agosto de 2026, decimonoveno domingo del tiempo ordinario. Ante los fieles reunidos en la plaza de San Pedro a pesar del calor sofocante, el obispo de Roma, desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano, comentó el relato evangélico de Jesús caminando sobre las aguas del lago de Galilea (Mt 14, 22-33).
Tras la multiplicación de los panes y los peces, los discípulos son enviados a alta mar, mientras que Jesús se retira solo a la montaña para orar. Pero, lejos de la costa, se ven envueltos en una violenta tormenta. Aquellos que acababan de ser testigos de un milagro descubren entonces sus propias limitaciones: «Tras una experiencia coronada por el éxito», se encuentran «ahora impotentes y asustados ante la amenaza de las olas y el viento en contra», relató León XIV.
El pontífice invitó a los fieles a reconocer la presencia de Cristo incluso en los momentos en los que se sienten «impotentes» y tienen «la sensación de retroceder en lugar de avanzar». Es precisamente en medio de esta prueba donde Jesús se une a sus discípulos. Mientras ellos lo confunden con un fantasma, él les dirige unas palabras destinadas a disipar su miedo: «¡Ánimo, soy yo, no temáis!»
La presencia de Jesús
Para León XIV, esta escena revela el poder de la presencia de Cristo. El propio Pedro se atreve a salir de la barca y a caminar sobre las aguas para ir a su encuentro, antes de sucumbir al miedo y empezar a hundirse. Jesús lo salva y luego sube a la barca; al instante, el viento amaina.
Los discípulos pudieron entonces confesar su fe exclamando a Jesús: «¡De verdad que eres el Hijo de Dios!». Pero primero tuvieron que experimentar su fragilidad para «reconocer la presencia de Dios», insistió el Papa. «Solo así pudieron abrir verdaderamente los ojos y el corazón a su cercanía, recuperando la paz incluso en medio de la tormenta».
A través de este episodio, León XIV instó a los cristianos a mantener una actitud adecuada tanto en los momentos de éxito como en los de dificultad. «En primer lugar, a no enorgullecernos ante el éxito y a no sobreestimarnos nunca», recomendó, antes de añadir que tampoco hay que «desesperarse» cuando las pruebas nos dan la sensación de que todo se nos escapa de las manos.
Así, el Papa animó a los fieles a acoger a Cristo «en la barca de nuestra vida», sobre todo «mediante la oración, los sacramentos y la escucha de su Palabra». De este modo, incluso cuando soplen vientos contrarios, «encontraremos en Él la paz, la luz y la fuerza para nuestro camino», aseguró.

