León XIV insta a no confundir la oración con una técnica psicológica

La oración no es ni una técnica de «bienestar» ni una «evasión», sino una dimensión esencial de la existencia humana, declaró León XIV durante la audiencia general del 5 de agosto de 2026.

ras regresar de sus vacaciones en Castel Gandolfo, el Papa León XIV retomó este encuentro semanal con los fieles, excepcionalmente en la Basílica de San Pedro; el Aula Pablo VI, que habitualmente acoge las audiencias de agosto a la sombra, se encontraba en obras de renovación.

En su catequesis, tras un mes de vacaciones de verano, el Papa retomó su reflexión sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium, el primer documento aprobado por el Concilio Vaticano II (1963). Dedicado a la liturgia, este texto contribuyó a la reforma litúrgica dentro de la Iglesia Católica.

Al presentar su meditación, León XIV destacó los desafíos que enfrenta la oración en la sociedad contemporánea. «En contextos dominados por una mentalidad centrada en la eficiencia y el consumo, la oración puede parecer inútil y trivial», observó. La oración también puede presentarse como «una forma de escapismo» en un mundo «donde la ciencia y la tecnología pretenden brindar todas las respuestas», añadió.

Según el Papa, la oración hoy corre el riesgo de confundirse «con una simple técnica, de naturaleza psicológica y orientada al bienestar personal». Lamentando que «la tradición de la oración ya no se transmita», incluso en muchas familias cristianas, afirmó que la oración «merece ser redescubierta en su verdadero significado».

“La oración, nuestra primera obligación”

León XIV caracterizó la oración como una «dimensión fundamental de nuestra humanidad» y como el lugar de encuentro con Dios. Invitó a los fieles a redescubrir la «Liturgia de las Horas», una oración diaria inspirada en los salmos que marca el ritmo de la vida de los cristianos, asegurándoles que esta práctica podía «enseñarnos a orar».

El pontífice, miembro de la Orden de San Agustín, explicó el significado de estas oraciones, que incluyen las laudes matutinas, la oración del mediodía, las vísperas al atardecer y las completas por la noche. «Por la mañana, comenzamos el día con fe y gratitud; al mediodía, pedimos la fuerza para permanecer fieles en medio de las pruebas; por la noche, una vez terminado el trabajo, las vísperas acompañan el momento de la puesta del sol; por la noche, nos dormimos encomendándonos a la paz de Dios», explicó.

«Cada hora es un acto de esperanza», enfatizó el sucesor de Pedro. En su saludo en francés —traducido por un intérprete— invitó a todos a aprovechar este verano para «cultivar su vida interior dedicando un poco más de tiempo a la oración con el Señor».

Sesenta y tres años después de que Pablo VI promulgara el Sacrosanctum Concilium en la Basílica de San Pedro el 4 de diciembre de 1963, León XIV también apoyó la reforma litúrgica posconciliar que situaba «la participación activa de los fieles» en el centro de la liturgia católica. «Dios en primer lugar; la oración, nuestra primera obligación», declaró, citando a su predecesor.

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