
El Papa León XIV en el Vaticano. Crédito: Daniel Ibáñez / EWTN News.
Mons. Felice Accrocca, quien desde hace poco está al frente de la Diócesis de Asís-Nocera Umbra-Gualdo Tadino y de Foligno (Italia), recibirá al Papa León XIV en Asís el jueves 6 de agosto, en la Basílica de Santa María de los Ángeles, junto a numerosos jóvenes de toda Europa para el GO! Franciscan Youth Meeting.
ACI Stampa ha entrevistado al Obispo de Asís para comprender mejor cómo está viviendo la ciudad italiana este momento especial en nombre de San Francisco de Asís, de sus valores eternos y de su mensaje de paz y belleza interior para el mundo entero.
¿Cómo se está preparando la ciudad de Asís para la visita del Papa?
La ciudad se está preparando con serenidad, pero también con gran alegría, para un acontecimiento que para nosotros siempre es excepcional. Es cierto, de hecho, que León XIV viene a Asís para reunirse con jóvenes de toda Europa, reunidos en la ciudad seráfica en nombre de Francisco: un momento importante por muchas razones.
León XIV no viene a hablar de ellos, sino a hablarles y a dialogar con ellos, y los jóvenes están deseosos de conocerlo y escucharlo, porque los jóvenes —al menos muchos— buscan precisamente esto: unas palabras dirigidas a ellos no de forma autoritaria, sino con autoridad, y encuentran precisamente eso en León XIV.
Todo tendrá lugar en Santa María de los Ángeles. ¿Están organizando algún acto preparatorio estos días? ¿Hay algo que destacar?
Como es sabido, los días previos son los del encuentro de los jóvenes, precedidos a su vez por los días del Perdón de Asís, en los que, como cada año, se reunirán en Asís jóvenes que han recorrido las distintas regiones italianas para converger finalmente en la ciudad de Francisco.
Días en los que los jóvenes dialogarán entre ellos, reflexionando sobre la experiencia —siempre extraordinaria— de Francisco, evocando los antiguos Capítulos, es decir, los encuentros de los frailes que, en fechas fijas, se reunían en la Porciúncula.
Este es un año muy importante para los franciscanos: primero, la ostensión de los restos mortales de San Francisco; ahora la visita del Papa
Es un año muy importante por muchas razones, repleto de acontecimientos, empezando por el hecho de que se conmemoran los 800 años del fallecimiento del Santo. La ostensión ha registrado cifras récord, de eso no hay duda: 370.000 personas, mientras que 416 voluntarios decidieron dedicar una parte más o menos prolongada de su tiempo para permitir (colaborando con los frailes) que el evento se desarrollara de la mejor manera posible.
Todo esto, dirá alguien, solo para ver un montoncito de huesos. ¡Es cierto! Pero también es cierto que ese montoncito de huesos ha permitido a muchos reflexionar sobre una experiencia de vida cristiana que, desde hace ocho siglos, no deja de fascinar a hombres y mujeres de todas las condiciones y latitudes geográficas.
Hay un aspecto, sin embargo, sobre el que esperamos que esa exhibición haya dado qué pensar, en una época como la nuestra, sometida a la tiranía de la imagen y de las apariencias.
¿Cuál?
No cabe duda de que el cuerpo de Francisco no estaba hecho para atraer, ni se puede decir que se preocupara por su imagen. Sin embargo, logró efectos sorprendentes, hasta tal punto que fray Masseo (n.d.r. Masseo de Marignano, uno de los primeros discípulos y compañeros más cercanos de San Francisco de Asís) quedó tan desconcertado que un día le dijo a Francisco:
“¿Por qué te sigue todo el mundo y parece que todo el mundo desea verte, escucharte y obedecerte? No eres un hombre apuesto, no eres un gran sabio, no eres noble; ¿por qué, entonces, te sigue todo el mundo?”.
Sí, ¿por qué seguimos todos, incluso hoy en día, siguiéndole? Francisco no era, desde luego, lo que se diría un “culturista”, no se preocupaba por su imagen, no sometía su cuerpo a continuas agresiones en un intento por detener los signos del envejecimiento que el paso de los años produce inevitablemente y que se hacen visibles en el rostro de la persona; tampoco le impuso a su cuerpo un estrés motivado por la ansiedad por el rendimiento, alimentada por lo que he definido como la dictadura de la imagen, de las apariencias.
Un estrés contra el que, por otra parte, el cuerpo acaba rebelándose, haciendo aún más evidentes los signos que acompañan al paso del tiempo y que, en cambio, se querrían ocultar. Y, sin embargo, ese cuerpo ha demostrado, una vez más, que sabe atraer a su alrededor a hombres y mujeres de todas las edades y condiciones, como un imán atrae al hierro y —hoy como ayer— el mundo sigue “yendo tras él”, como dijo entonces el atónito fray Masseo.
Esto pone de manifiesto, entre otras cosas, que el valor de una persona no radica en su apariencia, en el coche que conduce o en la ropa que lleva, sino en lo que es y en lo que es capaz de aportar a los demás. Un golpe a la mentalidad generalizada, que debería hacernos reflexionar.
El Papa León —estoy convencido de ello— ayudará a los jóvenes a reflexionar sobre cuestiones fundamentales, sobre el papel central que debe tener el Evangelio en sus vidas, y los jóvenes le escucharán con atención —de ello estoy igualmente convencido—, porque comprenden que el Papa no les habla para halagarlos, para ganarse su atención a cambio de nada, sino que se dirige a ellos con sinceridad, con unas palabras que quizá no compartan, pero que saben que les dice con amor y por amor a ellos.
Este encuentro está dedicado especialmente a los jóvenes, ¿Cómo les recibirá la ciudad de Asís?
La ciudad de Asís y la comunidad eclesial se alegran de su llegada y les recibirán con alegría, convencidas de que su presencia es un regalo precioso, un soplo de entusiasmo que todos necesitamos, porque invertir en ellos es invertir en nuestro propio futuro.

