
El Papa León XIV bendice desde el balcón central de la Basílica de San Pedro tras su elección el 8 de mayo de 2025. | Crédito: Vatican Media.
Cuando el Papa se pronuncia sobre cuestiones de guerra y paz, ¿lo hace como autoridad religiosa o como líder político? Un diplomático estadounidense y un funcionario del Vaticano expresaron recientemente posturas contrapuestas sobre esta cuestión.
Según informó The New York Times la semana pasada, el embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, Brian Burch, sostuvo que cuando el Papa León se pronunció contra la guerra en Irán, “no lo hacía como líder de la Iglesia Católica, el vicario de Cristo”.
“Cuando el Papa actúa como líder soberano de la Santa Sede, está en un plano de igualdad con los líderes mundiales”, cita el New York Times que dijo Burch en una entrevista publicada en línea el 9 de julio.
Pocos días después apareció un inusual artículo de opinión del director editorial de los medios de comunicación del Vaticano, Andrea Tornielli, en el que afirmaba que “incluso cuando habla de paz y guerra (…) el Sucesor de Pedro es y sigue siendo siempre un líder espiritual”.
Aunque el editorial de Vatican News no mencionaba a Burch por su nombre, sí respondía al argumento planteado por el embajador en su entrevista con el New York Times.

“Cualquier exaltación o exageración del papel del Pontífice como Jefe de Estado, cualquier énfasis en la importancia de este papel resulta, por tanto, engañoso, ya que va en detrimento de su única y verdadera misión como Pastor universal”, escribió Tornielli.
Una portavoz de Burch declinó dar declaraciones.
Un experto analiza la cuestión
El P. Roberto Regoli, experto en historia y diplomacia papales de los siglos XIX al XXI, explicó que, aunque el Papa es jefe de un Estado, “eso es simplemente funcional a su servicio personal como líder de la Iglesia”.
“El Estado de la Ciudad del Vaticano es un Estado enclave (…) es funcional para la misión espiritual de los Papas”, declaró Regoli a EWTN News. “Normalmente, el Papa habla como cabeza de la Iglesia”.
En el editorial de Vatican News, Tornielli recordó los Pactos de Letrán de 1929, el acuerdo que resolvió la cuestión del poder temporal de los Papas y otorgó al Pontífice un pequeño territorio —de menos de 110 acres (unas 44,5 hectáreas)—, pero señaló que “eso no significa que actúe o hable como un político cuando aborda cuestiones relacionadas con los asuntos de la humanidad”.
Tornielli citó a San Pablo VI, quien, en un discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1965, dijo, refiriéndose a sí mismo, que “es vuestro hermano, y hasta uno de los más pequeños de entre vosotros, que representáis Estados soberanos, puesto que sólo está investido —si os place, consideradnos desde ese punto de vista— de una soberanía temporal minúscula y casi simbólica el mínimo necesario para estar en libertad de ejercer su misión espiritual y asegurar a quienes tratan con él, que es independiente de toda soberanía de este mundo. No tiene ningún poder temporal, ninguna ambición de entrar en competencia con vosotros”.

Regoli señaló que el poder político de los Papas fue distinto en el pasado, por ejemplo durante la época de los Estados Pontificios. Ser hoy jefe de un Estado “es simplemente funcional a su servicio personal como líder de la Iglesia”, con el fin de mantener su independencia.
Como soberano de un Estado-ciudad independiente, el Papa mantiene relaciones con otros Estados e instituciones multilaterales a través de los nuncios apostólicos y otros delegados, quienes lo representan tanto ante la Iglesia local como ante el Estado, explicó Regoli.
Añadió que estas “estructuras diplomáticas están al servicio de la política papal”, que consiste en una “política eclesiástica”; es decir, relativa al gobierno interno de la Iglesia.
El propio Papa León, al inicio de un discurso dirigido a miembros del Parlamento español en Madrid el 8 de junio, explicó en calidad de qué se dirigía a los políticos y cuál es el papel de la Santa Sede en el escenario internacional.
“Vengo ante todos ustedes”, dijo, “como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia católica, consciente de que la misión confiada al Sucesor del apóstol Pedro como principio y fundamento de unidad de los Obispos y de los fieles coloca a la Santa Sede, de modo peculiar, en diálogo con los pueblos y con los Estados”.

