El Papa confía una misión a los jóvenes: “Podéis cambiar la historia, hacedlo con el amor”

Papa León XIV

El Papa León XIV en la multitudinaria vigilia realizada este 6 de junio de 2026 en Madrid (España), congregando a alrededor de 600.000 personas en la capital española. | Crédito: Daniel Ibáñez/EWTN News.

Las imágenes difundidas por las televisiones, en las que se veía a jóvenes saltar de alegría al aparecer el Papa León XIV en la plaza de Lima de Madrid, resultaban espectaculares, pero no lograron reflejar por completo el clima de auténtica fiesta que inundó el encuentro.

La acogida fue apoteósica. Algunos lloraban de emoción; otros coreaban, casi sin voz: “¡Esta es la juventud del Papa!”.

En términos de convocatoria, la comparación resulta elocuente: mientras el concierto celebrado este sábado por el artista puertorriqueño Bad Bunny reunió a 60.000 personas, el encuentro con el Pontífice congregó, según las autoridades, a más de 600.000 jóvenes.

El Papa se mostró especialmente cercano y cómodo en español, lengua en la que improvisó en varias ocasiones. De hecho, una de las frases más destacadas de su intervención surgió precisamente en un momento espontáneo: “Podéis cambiar la historia, hacedlo con el amor”.

En otro momento, animó sin ambages a los jóvenes a no temer el compromiso vocacional: “No tengáis miedo nunca de tener una vocación a la vida sacerdotal o a la vida religiosa”. Y añadió: “No tenéis que tener miedo de casaros y formar una familia”.

Su discurso se articuló como respuesta a las preguntas de varios jóvenes. En una de esas intervenciones, resumió lo que presentó como su legado: “Los discípulos de Jesús son siempre contemporáneos, pero nunca prisioneros del tiempo que pasa. ¡Somos libres en Cristo!”.

El Pontífice subrayó que Cristo libera “con su amor”, un amor que deja a la persona “siempre libre frente a toda coacción y engaño”. “Somos libres de las modas, porque somos discípulos de la verdad; estamos abiertos al futuro, porque sabemos que no nos espera la muerte”, afirmó.

Asimismo, encomendó a los jóvenes una gran “misión”: “¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día”.

“Sed humanos como lo es Cristo, el hombre perfecto, el Resucitado que comparte con nosotros la historia en todo tiempo. Cultivando este compromiso, mirad a los Apóstoles, a los primeros cristianos, habitantes de un mundo pagano”, añadió.

El contexto en el que se produce esta visita invita a la comparación histórica. Cuando Benedicto XVI visitó España hace quince años, el país vivía una fuerte agitación social, con las protestas del 15‑M y un laicismo militante en algunos sectores. Hoy, sin embargo, el panorama es distinto. León XIV llega a España en un momento marcado por el resurgir del catolicismo entre los jóvenes. En apenas cinco años, el porcentaje de católicos entre 15 y 29 años ha pasado del 31,6 % al 45 %, según el informe Jóvenes Españoles 2026 de la Fundación SM, publicado el pasado abril.

Unos datos que se reflejaron claramente en el ambiente. El encuentro adquirió tintes de auténtico festival de la fe, con el rezo del Rosario alternado con actuaciones musicales y testimonios.

La educación ocupa un lugar central en el pontificado de León XIV. Nada más iniciarlo, profundizó en el Pacto Educativo Global impulsado por el Papa Francisco en 2020 —orientado a la fraternidad, la justicia social y el cuidado del planeta— e incorporó tres nuevos ejes: vida interior, humanismo digital y educación para la paz. En su encuentro con los jóvenes, insistió especialmente en el primero de ellos: el silencio, necesario “para reconocer la voz de Dios”.

“Muchas veces vamos con los cascos, vamos con la música” y no escuchamos, constató en una de sus improvisaciones.

Frente a ello, explicó, buscar el silencio implica “decidir qué no escuchar y de qué ruidos no dejarnos distraer”.

“Muchas veces en las redes nos engañan y Dios es verdad. Si algo nos lleva lejos de Dios no es verdad”, advirtió.

“En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece”, subrayó.

El Papa explicó que el diálogo interior se transforma en “oración, alabanza y súplica cuando es confiado al único que puede escucharlo”. Definió la oración como una “voz libre”, que no busca justificar ni aparentar, sino abrirse a Dios.

En este sentido, invitó a los jóvenes a seguir el ejemplo de Cristo y a actuar como “pastores, educadores y amigos”.

“Si rezáis con amor, los jóvenes apreciarán la importancia de la oración. Si ardéis en la fe, transmitiréis su fuego vivo. Si permanecéis fieles a vuestra vocación, reflejaréis su gracia atrayente”, afirmó. También destacó que la cercanía de Jesús se manifiesta incluso en la fragilidad, “cuando nos convertimos en mano tendida y abrazo fraterno para sostenernos mutuamente en el camino”.

Horas antes, el Pontífice había visitado el centro para personas sin hogar CEDIA 24 Horas, gestionado por Cáritas Diocesana de Madrid. Para llegar hasta uno de los barrios más humildes de la ciudad, recorrió calles flanqueadas por bloques de viviendas sencillas, en su mayoría construidas en la década de 1960.

Se trata de una zona especialmente vulnerable, donde la renta mediana de las familias apenas alcanza la mitad que en otros barrios y se sitúa entre el 2 % y el 4 % más bajo de toda la Comunidad de Madrid.

Antes de su intervención, el Papa escuchó varios testimonios. Entre ellos, el de Niurka, una joven abogada cubana de 33 años que llegó a España hace poco más de un año, empujada por la grave crisis económica y política de su país. “Tenía mucho miedo. Pero la Iglesia me acogió”, relató.

También intervino Khadry, procedente de Senegal, quien llegó en 2020 tras sobrevivir a la peligrosa ruta atlántica en cayuco hasta Canarias. En un gesto cargado de simbolismo, entregó al Papa su tarjeta de residencia, reflejando la importancia de la regularización para comenzar una nueva vida.

En su alocución, León XIV lanzó además una advertencia a los cristianos ante el riesgo de dejarse arrastrar por corrientes ajenas al Evangelio. Señaló que, con frecuencia, “se dejan contagiar por actitudes marcadas por ideologías mundanas o por posicionamientos políticos y económicos que llevan a injustas generalizaciones y a conclusiones engañosas”.

“El hecho de que el ejercicio de la caridad resulte despreciado o ridiculizado, como si se tratase de la fijación de algunos y no del núcleo incandescente de la misión eclesial, me hace pensar que siempre es necesario volver a leer el Evangelio, para no correr el riesgo de sustituirlo con la mentalidad mundana”, concluyó.

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