León XIV reza en el lugar del atentado a San Juan Pablo II en el día de la Virgen de Fátima

El Papa reza ante la plaza donde hace 45 años San Juan Pablo II sufrió un atentado.

El Papa reza ante la plaza donde hace 45 años San Juan Pablo II sufrió un atentado. | Crédito: Vatican Media

En un gesto inesperado, León XIV pidió detener este miércoles el papamóvil con el que recorría la Plaza de San Pedro, saludando y bendiciendo a los fieles, justo en el punto donde hace exactamente 45 años San Juan Pablo II sufrió un atentado.

El Pontífice descendió del vehículo y permaneció en silencio para orar ante la placa de mármol blanco que recuerda el lugar en el que el Papa polaco fue alcanzado por cuatro disparos, efectuados por el turco Alí Agca. Después se arrodilló y la acarició.

Aquel terrible ataque, ocurrido el 13 de mayo de 1981, coincidía con el aniversario de las apariciones de la Virgen de Fátima a los tres pastorcillos.

Días después, aún convaleciente, San Juan Pablo II leyó el Tercer Secreto de Fátima, hasta entonces conocido únicamente por los pontífices y posteriormente hecho público. Redactado por sor Lucía, describe la visión del Santo Padre “afligido por el sufrimiento y la pena”, rezando “por el alma de los cadáveres que encontraba en el camino”.

San Juan Pablo II  nunca dejó de manifestar su agradecimiento a la Virgen por haberle salvado la vida. “Una mano disparó y otra condujo la bala”, afirmó en una entrevista al escritor francés André Frossard. Tras recibir el alta y reanudar las audiencias generales en la Plaza de San Pedro, después de cinco meses de hospitalización, aseguró también haber experimentado “la extraordinaria protección maternal que demostró ser más fuerte que el mortal proyectil”.

El atentado no fue mortal “gracias a la protección de la Virgen”

En 1982, San Juan Pablo II celebró la Santa Misa en Fátima y consagró el mundo a la Virgen. El 13 de mayo de 2000 beatificó a los pastorcillos Francisco y Jacinta en el santuario portugués. Hoy, León XIV ha querido subrayar de nuevo que el atentado contra su predecesor no fue mortal “gracias a la protección de la Virgen, como él mismo confirmó de muchas maneras”.

Por este motivo, explicó, ha dedicado la catequesis de este miércoles a “La Virgen María, modelo de la Iglesia” y a su predecesor, cuyo lema era Totus tuus.

El Papa continuó así su ciclo de catequesis sobre el Concilio Vaticano II, deteniéndose en el último capítulo de la Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium. En María, señaló, “se pueden reconocer tanto el modelo como el miembro excelente y la madre de toda la comunidad eclesial”.

“María es modelo perfecto de lo que toda la Iglesia está llamada a ser: criatura de la Palabra del Señor y madre de los hijos de Dios, generados en la docilidad a la acción del Espíritu Santo. Además, siendo la creyente por excelencia, en quien se nos ofrece la forma perfecta de apertura incondicional al misterio divino en la comunión del pueblo santo de Dios, María es miembro eminente de la comunidad eclesial”, afirmó.

Asimismo, explicó que la Virgen María es la “mujer icono del Misterio”, a quien se le concedió vivir “la extraordinaria experiencia de convertirse en la madre del Mesías”.

“En ella se realiza el doble movimiento de descenso y ascenso: en ella resplandecen tanto la elección gratuita por parte de Dios como el libre consentimiento de la fe en él. María es, por tanto, la mujer icono del Misterio, es decir, del designio divino de salvación, oculto en otro tiempo y revelado plenamente en Jesucristo”, añadió.

En la Virgen María, continuó, también se refleja “el misterio de la Iglesia: en ella el pueblo de Dios encuentra representados su origen, su modelo y su destino”.

María, “modelo de la fe virginal” y de la “caridad materna” 

En la Madre del Señor, la Iglesia contempla su propio misterio, “no sólo porque encuentra en ella el modelo de la fe virginal, de la caridad materna y de la alianza esponsal a la que está llamada, sino sobre todo porque reconoce en ella su arquetipo, la figura ideal de lo que está llamada a ser”.

Las reflexiones recogidas en Lumen gentium, concluyó, enseñan a amar la Iglesia y a trabajar por el cumplimiento del Reino de Dios, que llegará a su plenitud en la gloria.

Por ello, invitó a dejarse interpelar por el ejemplo de María, Virgen y Madre, con preguntas concretas: “¿vivo con fe humilde y activa mi pertenencia a la Iglesia? ¿Reconozco en ella la comunidad de la alianza que Dios me ha dado para corresponder a su amor infinito? ¿Me siento parte viva de la Iglesia, en obediencia a los pastores dados por Dios? ¿Miro a María como modelo, miembro eminente y madre de la Iglesia, y le pido que me ayude a ser discípulo fiel de su Hijo?”.

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