León XIV: 10 grandes desafíos a un año de pontificado

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Antoine Mekary | ALETEIA

León XIV heredó una Iglesia sacudida por las reformas y las divisiones. La falta de vocaciones, las disputas litúrgicas, el papel de la mujer, la unidad de los cristianos… He aquí un breve resumen de los asuntos que se acumulan en el escritorio del Papa

Son las 18:07 horas del 8 de mayo de 2025 cuando una espesa columna de humo blanco brota de la chimenea de la Capilla Sixtina. Bajo los frescos de Miguel Ángel, los cardenales aplauden a quien acaban de elegir para convertirse en el papa número 267 de la historia: Robert Prevost, quien ha elegido el nombre de León XIV.

A sus 69 años, el estadounidense-peruano toma el relevo del papa Francisco, quien falleció al día siguiente de la fiesta de Pascua, unas semanas antes. Para León XIV, asumir el legado de los doce intensos años del papa argentino es un desafío gigantesco. Incansable y exigente, Francisco dejó tras de sí una Iglesia profundamente transformada, orientada hacia nuevos horizontes, pero también puesta a prueba por la sucesión de reformas incesantes que impuso a sus colaboradores y atravesada por nuevas tensiones y crisis. A veces esquivo, adepto a ir a contracorriente, el jesuita logró desconcertar a algunos, desde los fieles hasta los cardenales.

«Tras un pontificado tan explosivo, necesitábamos a alguien capaz de retomar las intuiciones proféticas de Francisco, pero también de tranquilizar, de aportar cierta serenidad y un método, de reforzar la unidad de la Iglesia», confiesa un cardenal que participó en el cónclave. Y quien destaca con alegría es León XIV «el hombre de la situación».

Al frente de una Iglesia que cuenta con más de 1.400 millones de fieles en todo el mundo, este nativo de Chicago no tiene una tarea fácil. En su escritorio, los expedientes son numerosos y a menudo espinosos. Debe terminar la reforma de la Curia, aún en curso; promover la unidad entre los cristianos; desactivar los conflictos litúrgicos que se gestan; y consolidar el lugar de las mujeres y los laicos… También debe hacer frente al escándalo de los abusos cometidos por miembros del clero e intentar encontrar una respuesta a la crisis de las vocaciones. Por último, debe abordar ciertas zonas grises del pontificado de Francisco, en particular las ambigüedades relativas a la pastoral para las personas LGBT o el futuro de la Iglesia católica en Alemania.

A sus 70 años, tiene tiempo por delante

«León XIV es alguien que necesita tiempo para sí mismo, para encontrarse, para meditar, pero desde que es papa, no lo tiene», se comenta en el círculo más cercano del antiguo prior general de los agustinos. Sin embargo, León XIV muestra cierta serenidad desde su elección y profesa una gran «confianza en Dios».

Porque, si bien probablemente le esperan otros desafíos en el futuro, el papa también tiene tiempo por delante —algo que Francisco pensaba no tener cuando fue elegido a los 76 años. Hoy, a sus 70 años, León XIV podría guiar la barca de Pedro durante muchos años, como lo hicieron León XIII o Juan Pablo II antes que él. Ante las tribulaciones de la «ciudad terrenal», este hijo de san Agustín ha optado por la paciencia desde el inicio de su pontificado y es consciente de la magnitud de la tarea que se le presenta: la de «fortalecer» a sus hermanos cristianos y, junto a ellos, infundir en la tierra «los valores del Reino de Dios».

Impulsar una nueva gobernanza

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Uno de los grandes proyectos que hereda León XIV es el de la sinodalidad. Iniciado con el objetivo de hacer que la Iglesia sea menos clerical, más participativa y animada por todos sus miembros, tanto laicos como sacerdotes, el Sínodo sobre la sinodalidad no concluyó en octubre de 2024 con la segunda asamblea en Roma.

León XIV, quien participó activamente en ambos encuentros, decidió continuar este proceso, alentando ahora a la Curia, pero también a las diócesis y comunidades parroquiales, a integrar en su funcionamiento este «modus vivendi» que debe permitir a todos los cristianos caminar juntos.

El Papa tiene en la mira la gran asamblea sinodal que se celebrará en Roma en 2033 y que debería constituir un paso importante para el futuro de la Iglesia. Para dirigir esta Iglesia renovada, León XIV ha demostrado que cuenta especialmente con el apoyo del colegio de cardenales. Así lo demostró el consistorio extraordinario que convocó en Roma en enero. Durante este encuentro de dos días, hizo que los cardenales trabajaran a puerta cerrada sobre dos grandes temas de la Iglesia: por un lado, la sinodalidad, ese modo de colaboración y discernimiento promovido por Francisco y que León pretende conjugar con la idea de una gobernanza colegiada; y, por otro, la evangelización, corazón de la misión de la Iglesia.

Al término del consistorio, el Papa anunció que tenía la intención de hacer de estas consultas un evento anual. De esta manera, responde a las peticiones del último cónclave, pero al mismo tiempo impone un estilo de gobierno que refleja una preocupación por la unidad que le es propia. «Es una señal de que no quiere gobernar solo, de que no es esclavo de los apparatchiks», analiza un cardenal africano, impresionado por la capacidad de escucha del pontífice durante el encuentro.

Impulsar las vocaciones

La falta de sacerdotes es uno de los grandes retos a los que deberá enfrentarse la Iglesia de León XIV, especialmente en Europa. En el lapso de diez años, de 2013 a 2023, el Viejo Continente, cuya población sacerdotal está envejeciendo, ha registrado una disminución de 29 000 sacerdotes y 7 500 seminaristas.

Esta disminución, según las estadísticas oficiales de la Iglesia católica, se refleja en el número de sacerdotes en el mundo, que pasó en el mismo período de 413 418 a 406 996. Esta dinámica, similar en el caso de las vocaciones religiosas, es preocupante, a pesar de que los seminarios y noviciados están llenos en África.

Más allá de las cifras, se perfila una crisis más profunda de la misión sacerdotal. Esta se ve sacudida por el escándalo de los abusos y, sin duda, ha sufrido una falta de aliento, ya que el pontificado de Francisco denuncia con mayor frecuencia el clericalismo, esa tendencia a colocar a los pastores en un pedestal. Sin romper con las exigencias e inspiraciones de su predecesor, León XIV cultiva un enfoque más paternal y reconfortante con los sacerdotes desde su elección.

En su carta Una fidelidad que genera el futuro, publicada en diciembre de 2025, señala la falta de vocaciones sacerdotales como uno de los grandes desafíos de la Iglesia actual y asegura que «no hay futuro sin la preocupación por todas las vocaciones».

Al elogiar la belleza de la vocación sacerdotal, el Papa estadounidense exhorta a toda la Iglesia a «tener el valor de hacer a los jóvenes propuestas sólidas y liberadoras» para convencerlos de que se pongan al servicio de la comunidad cristiana. El Papa también aboga por un ministerio «alegre y apasionado» y expone su programa para los sacerdotes del mañana: una mejor formación en cuestiones afectivas y en los retos del mundo digital, o incluso una revalorización de la «fraternidad presbiteral» para hacer frente a la soledad que experimentan muchos de ellos. Un programa que pudo establecer cuando dirigía una casa de formación de religiosos en Trujillo, Perú. En aquella época, el padre Prevost era reconocido por su atención al equilibrio «integral» de cada uno de los candidatos. «Nunca se encierren en sí mismos», afirmó a los sacerdotes de su diócesis de Roma en febrero, exhortándolos a vivir su misión con alegría y creatividad.

Consolidar la reforma de la curia

Tras doce años de intensas reformas impulsadas por el Papa Francisco, León XIV hereda una Curia profundamente transformada, pero también debilitada. Encargado en 2013 de poner orden en una administración marcada por disfunciones y escándalos, Francisco había emprendido una amplia obra, cuya piedra angular es la Constitución apostólica Praedicate Evangelium (2022). Pero esta reforma se construyó en un flujo legislativo continuo, a veces confuso, alimentado por más de cien motu proprio y decretos sucesivos, y dejó tras de sí una Curia fatigada, a veces desorientada, y normas difíciles de aplicar en la práctica. En este contexto, León XIV se presenta menos como un reformador radical que como un papa de la consolidación.

De formación en derecho canónico, da prioridad a la claridad jurídica, a la estabilidad institucional y a la aplicabilidad concreta del derecho. Para corregir los puntos ciegos o las decisiones tomadas a veces con urgencia, León XIV no ha dudado, desde su elección, en derogar ciertas medidas adoptadas por el argentino. En el plano económico, este último había dado la voz de alarma sobre el estado de las cuentas de la Santa Sede y había puesto en marcha una cura de austeridad, muy mal recibida por los cerca de 5000 empleados que cuenta el Vaticano. «Las cosas se van a arreglar, pero debemos continuar el proceso de reforma iniciado por Francisco», aseguró su sucesor.

En este sentido, uno de los grandes desafíos es remediar la ausencia de una verdadera política de recursos humanos en el pequeño Estado, donde el malestar de los empleados sigue siendo palpable a pesar de las señales positivas del inicio del pontificado.

Valorar a las mujeres y los laicos

León XIV llega al trono de Pedro en un momento en que se afirma un movimiento de fondo dentro de la Iglesia católica, impulsado por el Sínodo sobre la sinodalidad: el mayor reconocimiento del papel de los laicos, en particular de las mujeres, con su nombramiento para puestos de responsabilidad en el Vaticano y la concesión del derecho a voto en el Sínodo. Este avance, en el que clérigos y laicos avanzan codo a codo, es considerado por muchos como irreversible.

Para Robert Prevost, la convivencia y la valorización de los laicos no son una novedad. Su trayectoria como misionero en Perú da testimonio de su convicción de que el buen funcionamiento de las parroquias pasa naturalmente por la delegación de responsabilidades a los laicos. Dentro del dicasterio para los Obispos, también trabajó junto a mujeres —tres de ellas son miembros junto a cardenales—. Queda por ver en qué medida el nuevo papa abrirá el camino a cambios más radicales, como el acceso de las mujeres al diaconado, tema de debate desde hace varias décadas.

En la primera entrevista de su pontificado, León XIV afirmó que «no tenía intención de modificar la doctrina de la Iglesia sobre este punto», al menos «por el momento». Unos meses más tarde, autorizó a la comisión de estudio vaticana a publicar sus conclusiones, confirmando el statu quo. El pontífice estadounidense ya ha mencionado el riesgo de «clericalizar» a las mujeres, pero se ha declarado, no obstante, «dispuesto a seguir escuchando a las personas» sobre este tema.

Respuesta a la presión alemana

El diaconado femenino, la bendición de parejas homosexuales, la predicación y la celebración de los sacramentos a cargo de laicos, el fin del celibato sacerdotal… Las propuestas aprobadas por el «camino sinodal alemán», una consulta lanzada por la Iglesia local entre 2019 y 2023, han causado gran revuelo en Roma, ya que Francisco se ha opuesto abiertamente a ellas en varias ocasiones.

Las divergencias se habían cristalizado en torno a la voluntad alemana de delegar parte de los poderes de los obispos a una «asamblea sinodal» compuesta, en particular, por laicos. León XIV, quien hereda este tema candente, tiene a su favor el haber participado, cuando era prefecto del dicasterio para los Obispos, en las reuniones de crisis organizadas en Roma entre la Curia y el episcopado alemán. Durante esos encuentros, se valoró su capacidad para escuchar.

Desde su elección, el Papa ha recibido discretamente a numerosos representantes alemanes, en particular a opositores al camino sinodal, pidiendo que no se silencie la voz de estos últimos.

Continuar la lucha contra los abusos

Las opiniones son unánimes: Robert Prevost se toma muy en serio el tema de los abusos sexuales desde que ejerce su ministerio. En Perú, en particular, dos periodistas que investigaron a la comunidad Sodalicio —disuelta desde entonces por graves fallas sistémicas— dan testimonio de haber encontrado en él uno de los únicos apoyos para su investigación, en medio de las amenazas e intimidaciones de las que eran objeto. El obispo de Chiclayo los escuchó, los ayudó y respaldó su denuncia ante Roma, afirman. También como prior general de los Agustinos, el padre Prevost no titubeaba ante los casos de abuso que llegaban a su escritorio, aseguran sus antiguos colaboradores.

En la primera entrevista de su pontificado, León XIV se refirió a esta crisis que ha empañado a la Iglesia en las últimas décadas, reconociendo que la sanación de las víctimas requeriría «tiempo» y considerando «muy saludable» que se den a conocer sus testimonios. Abogó por que la Iglesia contara con la ayuda de profesionales en su acompañamiento y admitió que la duración de los procesos eclesiásticos podía agravar su dolor.

El papa, experto en derecho canónico, también defendió la presunción de inocencia del acusado, argumentando que «falsas acusaciones» habían destruido a sacerdotes. Sin restar importancia a la gravedad del fenómeno, el Papa también consideró que este «no podía convertirse en el centro de la atención de la Iglesia», la cual debe continuar con su misión y no concentrarse «exclusivamente» en los abusos.

No obstante, al recibir al Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF) —cuyo tribunal juzga los delitos cometidos por clérigos— el pasado mes de enero, el pontífice estadounidense recomendó un cuidado especial con respecto a las denuncias, que llegan al dicasterio en más de mil al año. Mientras que el prefecto de este dicasterio, el cardenal Víctor Fernández, había solicitado al Papa Francisco que lo eximiera personalmente de estos procesos por falta de cualificación, León XIV insistió en esta responsabilidad del DDF, reclamando el respeto de las «exigencias de la justicia, la verdad y la caridad».

Tensiones litúrgicas

El 16 de julio de 2021, Francisco provocó una fuerte reacción entre los católicos conservadores al revocar la decisión tomada por Benedicto XVI de ampliar las posibilidades de celebrar la misa según el misal de 1962, calificada como «forma extraordinaria del rito romano». El decreto del papa argentino, Traditionis custodes, había ido acompañado de una carta en la que afirmaba haber recibido pruebas de que la misa tridentina se había convertido en un vector de oposición al Concilio Vaticano II.

En este contexto tenso, la elección de León XIV suscitó grandes expectativas por parte de los círculos tradicionalistas. El pontífice confesó haber recibido muchas peticiones al respecto y aseguró que quería escuchar todas las opiniones. También realizó gestos de apaciguamiento, autorizando la celebración de una misa tridentina en la basílica de San Pedro por parte del cardenal Raymond Burke, gran figura de los tradicionalistas. En cuanto a la liturgia, sin embargo, se mantuvo muy discreto y no abordó el tema cuando recibió a los miembros del Instituto San Anselmo de Roma, universidad considerada por algunos como el motor detrás de Traditionis custodes. En diciembre, varios medios de comunicación católicos de habla inglesa informaron que, durante una reunión a puerta cerrada con los obispos británicos, el nuncio, monseñor Miguel Buendía, había declarado que el Papa no deseaba derogar Traditionis custodes, sino que quería mostrar clemencia hacia las comunidades afectadas. C. D.

Aclarar la pastoral para personas LGBT

«Por el momento no tengo un plan concreto»: esto es lo que declaró León XIV en su primera entrevista tras su elección, en relación con la pastoral para las personas LGBT. El tema es muy delicado en la Iglesia, sobre todo desde la publicación de la declaración Fiducia supplicans.

Promulgada por la Congregación para la Doctrina de la Fe en 2023, esta abrió el camino a una forma de bendición de las parejas homosexuales, lo que provocó cierta confusión, pero también una fuerte reacción de rechazo por parte de la Iglesia, especialmente en África. Asegurando que no quiere «promover la polarización», León XIV busca escuchar todas las sensibilidades desde su elección. Así, recibió al sacerdote jesuita James Martin, gran promotor de la inclusión de las personas LGBT, pero también a la asociación Courage, que acompaña a personas homosexuales y las ayuda a vivir la continencia, según la enseñanza de la Iglesia.

En este sentido, León XIV ha recordado en varias ocasiones que una familia está compuesta por «un padre, una madre y los hijos»; pero, desde el punto de vista pastoral, parece defender la línea del «Todos, todos, todos» de Francisco. Se perfila, pues, una delgada línea divisoria, con el fin de promover a la vez la compasión, la acogida y la claridad doctrinal sobre este tema candente.

Fomentar la unidad de los cristianos

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El compromiso del papa León XIV con la cuestión de la unidad de los cristianos tiene sus raíces en su espiritualidad, plasmada en su lema, tomado de un comentario de san Agustín: «En aquel que es uno, seamos uno». Si bien esta tarea se refiere en primer lugar a la unidad de la Iglesia católica, también tiene como objetivo entablar el diálogo con las demás confesiones cristianas. La misión es delicada, como lo había experimentado Francisco en el difícil diálogo con la ortodoxia rusa. León XIV tomó el relevo al viajar a Turquía en su primer viaje al extranjero, con el fin de conmemorar el 1700.º aniversario del concilio de Nicea junto a numerosos representantes de las diversas comunidades cristianas —pero en ausencia del patriarcado ortodoxo de Moscú.

En una carta publicada poco antes, In unitate fidei, exhortaba a todos los cristianos a ver en el Credo de Nicea el fundamento de su fe común y a superar siglos de odio e incomprensión. También los invitaba a no conformarse con un «statu quo», sino a profesar un «ecumenismo orientado hacia el futuro» que permitiera un «intercambio de dones» y de «patrimonios espirituales» entre las comunidades cristianas.

Al día siguiente, firmó una declaración junto con el patriarca Bartolomé de Constantinopla en la que ambas Iglesias se comprometían a trabajar para encontrar una fecha común para la celebración de la Pascua. Una secuencia que muestra que, para avanzar en este camino de unidad, León XIV parece querer tomar medidas contundentes. Así ocurrió durante el histórico momento de oración —el primero desde el cisma anglicano de 1534— compartido por el papa y el rey Carlos III en la Capilla Sixtina en octubre de 2025.

Rumbo a 2033

Durante su viaje a Turquía en noviembre de 2025, León XIV invitó a todos los líderes cristianos con los que se reunió «a recorrer juntos el camino espiritual que conduce al Jubileo de la Redención, en 2033». Este evento lo llevará a visitar Tierra Santa y los lugares donde se cumplieron la Pasión, la muerte y la resurrección de Jesús, así como el acto fundacional de la Iglesia que fue el episodio de Pentecostés.

León XIV fue elegido el año del Jubileo de la Esperanza de 2025, que había inaugurado su predecesor Francisco y que él mismo clausuró solemnemente el pasado 6 de enero. Es consciente del papel fundamental que ocupan estas grandes celebraciones en la historia de la Iglesia desde la convocatoria del primer Jubileo en el año 1300.

En este sentido, el Jubileo del año 2033 será a la vez un nuevo horizonte para el diálogo con las demás confesiones cristianas, pero también un hito para toda la Iglesia católica, llamada a preparar la conmemoración de sus dos mil años de existencia. Elegido a los 69 años, tendrá, si Dios quiere, 77 años en 2033. Es solo un año más que la edad de Francisco al momento de su elección en 2013, y uno menos que la de Benedicto XVI durante el cónclave de 2005. Para preparar a la Iglesia para el gran jubileo del año 2000, el papa Juan Pablo II había publicado ya en 1994 una carta, Tertio millenio adveniente, y orientado su pontificado hacia ese evento. De la misma manera, el papa León, apenas unos meses después de su elección, ha optado por inscribir su pontificado en el largo plazo.

Durante su viaje a Turquía, esbozó las líneas generales de un importante desafío para la Iglesia con vistas al Jubileo de 2033: el de la lucha contra un «nuevo arrianismo». El Papa se refiere así a la herejía de los primeros tiempos de la Iglesia que no reconocía la divinidad de Jesús. «Jesucristo no es una figura del pasado, es el Hijo de Dios presente entre nosotros, que guía la historia hacia el futuro que Dios nos ha prometido», afirma con fuerza. Una afirmación que también suena como un desafío lanzado a la Iglesia de cara al 2000.º aniversario de la Resurrección.

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