El Papa alerta en su última Misa en Angola sobre reducir a Cristo a “un gurú o un amuleto de la suerte”

El Papa celebró su última Misa en Angola

El Papa celebró su última Misa en Angola | Crédito: Vatican Media

El Papa León XIV clausuró este lunes su visita apostólica a Angola con la celebración de una multitudinaria Misa en la explanada de Saurimo, en la que advirtió sobre la tentación de confundir la fe cristiana con un “comercio supersticioso” y denunció el riesgo de instrumentalizar a Dios según conveniencias personales.

“Esto ocurre cuando la fe auténtica se sustituye por un comercio supersticioso, en el cual Dios se convierte en un ídolo al que sólo se recurre cuando nos conviene, mientras nos conviene”, afirmó el Pontífice ante unos 30.000 fieles llegados desde distintos puntos del país.

Muchos de ellos pasaron la noche en tiendas de campaña para poder participar en la última Misa del Papa en suelo angoleño, antes de su partida hacia Guinea Ecuatorial. El Pontífice saludó a los asistentes recorriendo el amplio espacio en papamóvil entre cantos, aplausos y signos de profunda devoción.

Los fieles se protegían con paraguas del sol. Crédito: Marco Mancini/ EWTN News
Los fieles se protegían con paraguas del sol. Crédito: Marco Mancini/ EWTN News

A partir del Evangelio del día, que relata cómo la multitud busca a Jesús en Cafarnaún tras el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, el Papa subrayó que “existen motivos equivocados para buscar a Cristo, sobre todo cuando se le considera un gurú o un amuleto de la suerte”.

En este sentido, lamentó que los dones de Dios, fruto de su cuidado constante por su pueblo, puedan transformarse en una exigencia, en un premio o incluso en un chantaje. “No buscan un maestro al que amar, sino un líder al que venerar por interés propio”, explicó, aludiendo a la actitud de la multitud del Evangelio.

Cristo “no quiere siervos ni clientes”

Frente a ello, destacó la respuesta de Jesús, que no rechaza esta búsqueda imperfecta, sino que invita a la conversión. “Cristo nos llama a la libertad; no quiere siervos ni clientes, sino que busca hermanos y hermanas a quienes dedicarse con todo su ser”, dijo.

El Papa insistió en que corresponder a este amor exige algo más que escuchar hablar de Jesús o admirar sus acciones sino que hay que “imitar su iniciativa”, señaló. Y añadió: “Jesús no nos da un alimento que perece, sino un pan que hace que no perezcamos, porque es alimento de vida eterna”.

Antes de la celebración eucarística, el Pontífice se trasladó en automóvil a la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, principal templo de la archidiócesis de Saurimo. Allí permaneció unos momentos en oración y adoración del Santísimo Sacramento, en un gesto de recogimiento previo a la liturgia multitudinaria.

La catedral fue erigida como sede de la entonces diócesis por San Pablo VI en 1975, que fue luego elevada a archidiócesis en 2011 mediante la bula Quandoquidem accepimus de Benedicto XVI. Actualmente está bajo la responsabilidad pastoral del Arzobispo de Saurimo, Mons. José Manuel Imbamba.

La celebración reflejó la riqueza cultural y lingüística de la Iglesia en Angola. La primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles (6, 8-15), así como el salmo responsorial, fueron proclamados en lengua chokwe, idioma bantú hablado por más de 3,5 millones de personas. El canto al Evangelio y su proclamación se realizaron en portugués.

La celebración reflejó la riqueza cultural y lingüística de la Iglesia en Angola. Crédito: Marco Mancini/EWTN News
La celebración reflejó la riqueza cultural y lingüística de la Iglesia en Angola. Crédito: Marco Mancini/EWTN News

La injusticia corrompe los corazones

En su homilía, el Papa afirmó que el don de Cristo “ilumina el presente”, pero advirtió que muchos de los deseos legítimos del pueblo “son frustrados por los violentos, explotados por los prepotentes y engañados por la riqueza”. 

“Cuando la injusticia corrompe los corazones, el pan de todos se convierte en posesión de unos pocos”, exclamó desde Saurimo, ciudad angoleña considerada una de las capitales del diamante del país, concentra tanto explotaciones legales como ilegales.

“Ante estos males —añadió— Cristo escucha el clamor de los pueblos y renueva nuestra historia: de cada caída nos levanta, en cada sufrimiento nos consuela y en la misión nos alienta”.

“No hemos nacido para convertirnos en esclavos ni de la corrupción de la carne”

El Papa evocó también el pasado de guerra y esclavitud que marcó la historia del país. Angola padeció entre 1975 y 2002 el conflicto armado más largo de África, fruto de la guerra civil entre el Movimiento Popular de Liberación de Angola, apoyado por el bloque soviético, el Frente Nacional para la Liberación de Angola y la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola, respaldados por Occidente. A ello se suma la herida histórica de la esclavitud, presente desde finales del siglo XV con la llegada de los portugueses a la región.

Fue la última Misa del Papa en Angola. Crédito: Marco Mancini/EWTN News
Fue la última Misa del Papa en Angola. Crédito: Marco Mancini/EWTN News

“No hemos venido al mundo para morir. No hemos nacido para convertirnos en esclavos ni de la corrupción de la carne, ni de la del alma: toda forma de opresión, violencia, explotación y mentira niega la resurrección de Cristo, don supremo de nuestra libertad”, aseguró el Papa. 

Finalmente, recordó que la victoria de Cristo sobre el mal y la muerte no es sólo una promesa futura, sino “en la historia de cada día”. El último destino de su periplo africano es Guinea Ecuatorial, donde estará hasta el jueves 23 de abril, día en el que regresará a Roma.

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