
El Papa León XIV durante su encuentro con autoridades de Angola | Crédito: Marco Mancini/ EWTN News
El Papa León XIV mantuvo este 18 de abril un encuentro con las autoridades, sociedad civil y cuerpo diplomático de Angola, a quienes invitó a buscar la verdadera alegría ante “los déspotas y tiranos” que buscan “volver las almas pasivas y las pasiones tristes, propensas a la inercia, dóciles y sumisas al poder”.
En su discurso leído en portugués, el primero de su visita a este país africano, el Santo Padre precisó que llega como “un peregrino que busca señales de la presencia de Dios en esta tierra amada por Él”.
También quiso manifestar su cercanía a las víctimas de las fuertes lluvias en la provincia de Benguela, así como a las familias que han perdido sus hogares.
Una alegría que perdura
El Santo Padre reflexionó a continuación sobre la verdadera alegría del pueblo angoleño, “que conoce también el dolor, la indignación, la decepción y la derrota, perdura y renace entre quienes han mantenido sus corazones y mentes libres del engaño de la riqueza”.
A continuación, subrayó que la sabiduría de un pueblo “no puede ser extinguida por ninguna ideología y, a decir verdad, el deseo de infinito que habita en el corazón humano es un principio de transformación social más profundo que cualquier programa político o cultural”.
En este contexto, invitó a la conversión de aquellos quienes eligen “caminos opuestos e impiden el desarrollo armonioso y fraterno”.
Consciente de la desigualdad en la distribución de la riqueza en el país, uno de los principales productores de petróleo en África, el Pontífice lamentó el sufrimiento, las muertes, y las catástrofes sociales y ambientales “que trae consigo esta lógica extractiva”.
Por ello, remarcó que África “necesita urgentemente superar las situaciones y los fenómenos de conflicto y enemistad que desgarran el tejido social y político de muchos países, alimentando la pobreza y la exclusión”, ya que, afirmó, “sólo a través del encuentro florece la vida”.
“No teman el desacuerdo, no apaguen las aspiraciones de los jóvenes ni los sueños de los ancianos, y sepan gestionar los conflictos, transformándolos en oportunidades de renovación”, alentó el Santo Padre
También animó a las autoridades del país a anteponer el bien común al interés particular, “sin confundir jamás la parte de ustedes con el todo. La historia les dará la razón, incluso si algunos les son hostiles en el futuro inmediato”.
“Sin alegría no hay renovación”
Al destacar de nuevo la alegría y esperanza de la sociedad de Angola, León XIV advirtió que “los déspotas y tiranos, tanto de cuerpo como de espíritu, buscan volver las almas pasivas y las pasiones tristes, propensas a la inercia, dóciles y sumisas al poder”.
“En la tristeza, —precisó— estamos a merced de nuestros miedos y fantasías; nos refugiamos en el fanatismo, la sumisión, la manipulación mediática, el espejismo del oro y el mito de la identidad”.
Según el Santo Padre, “el descontento, la sensación de impotencia y el desarraigo nos separan, en lugar de unirnos, propagando un clima de alienación de los asuntos públicos, desprecio por la desgracia ajena y negación de toda fraternidad”.
“Esta discordancia desintegra las relaciones fundamentales que cada uno de nosotros mantiene consigo mismo, con los demás y con la realidad”, alertó.
En consecuencia, afirmó que “la verdadera alegría, que la fe reconoce como un don del Espíritu Santo, nos libera de esta alienación” e impulsa “hacia el ámbito abierto de la sociabilidad”.
De este modo, invitó a cada uno a examinar sus corazones, “porque sin alegría no hay renovación; sin interioridad no hay liberación; sin encuentro no hay política; sin el otro no hay justicia”.
A continuación, destacó que la Iglesia Católica en el país “desea ser la levadura en la masa y fomentar el crecimiento de un modelo justo de convivencia, libre de la esclavitud impuesta por élites con riquezas desmedidas y falsas alegrías”.
Por último, subrayó que “sólo juntos podremos multiplicar los talentos de este maravilloso pueblo” y concluyó con una invitación a eliminar “los obstáculos al desarrollo humano integral, luchando y esperando junto a aquellos a quienes el mundo ha descartado, pero que Dios ha elegido”.

