
El Papa León junto a Margaret Karram, presidenta de los Focolares; y el P. Roberto Eulogio Almada, copresidente. | Crédito: Vatican Media.
El Papa León XIV remarcó la urgencia de la unidad, en un mundo marcado por la violencia y la división, al reunirse este sábado con los participantes de la Asamblea General del Movimiento de los Focolares.
Desde la Sala Clementina del Palacio Apostólico en el Vaticano, el Santo Padre saludó a la presidenta del movimiento, Margaret Karram, quien fuera recientemente reelegida para un segundo mandato como presidenta.
Aunque el Papa reconoció que cada carisma dentro de la Iglesia “expresa un aspecto del Evangelio que el Espíritu Santo pone de relieve en un período histórico específico”, destacó la importancia actual del mensaje de unidad que contiene el carisma de los Focolares.
El Movimiento de los Focolares u Obra de María es un movimiento eclesial fundado en 1943 por la Sierva de Dios Chiara Lubich (1920-2008), que se presenta como una corriente de renovación espiritual y social, queriendo dar al mundo el mensaje de la unidad. Para alcanzar esa meta, los Focolares se ponen como prioridad el diálogo, en el compromiso constante de construir puentes y relaciones de fraternidad entre todas las personas.
“Ustedes viven este espíritu de unidad, ante todo entre ustedes, y lo proclaman en todas partes como una nueva posibilidad para una vida fraterna, reconciliada y alegre entre personas de diferentes edades, culturas, lenguas y creencias religiosas”, dijo el Papa León.
“Es una semilla sencilla pero poderosa que atrae a miles de mujeres y hombres, inspira vocaciones, genera un impulso evangelizador, así como obras sociales, culturales, artísticas y económicas, y es levadura del diálogo ecuménico e interreligioso”. agregó.
El Santo Padre señaló que esta “levadura de unidad” es muy importante en el mundo de hoy para contrarrestar “el veneno de la división y el conflicto” que muchas veces contamina “los corazones y las relaciones sociales”. En ese sentido, el antídoto es “el testimonio evangélico de unidad, diálogo, perdón y paz”.
A través de los focolares, continuó el Papa, Dios se ha preparado para sí un “gran pueblo de paz” que en este preciso momento histórico “está llamado a actuar como contrapeso y barrera contra tantos sembradores de odio que arrastran a la humanidad de vuelta a formas de barbarie y violencia”.
Más allá de este testimonio de unidad y paz, los miembros del movimiento tienen la responsabilidad de mantener vivo su carisma “en la etapa posterior a la fundación”, que no termina “con la primera transición generacional” tras el fallecimiento de Lubich, “sino que se extiende más allá”, aseguró el Pontífice.
Esta fase, continuó, exige “un firme compromiso con la transparencia” de parte de quienes ejercen cargos en todos los niveles. Además, los Focolares están llamados a “traducir el carisma de la unidad en estilos de vida comunitarios que resalten la belleza de la novedad del Evangelio”, siempre respetando la libertad, la conciencia, la singularidad y los dones de cada persona.
La unidad que buscan los focolares, y que debe ser testimonio para toda la Iglesia, “se realiza principalmente en Dios”, es decir, en el cumplimiento de su voluntad y “en el compromiso compartido con la comunión y la vida comunitaria”.
“La unidad es un don y, a la vez, una tarea y una vocación que interpela a todos. Todos estamos llamados a discernir la voluntad de Dios y cómo realizar la verdad del Evangelio en las diversas situaciones de la vida comunitaria o apostólica”, señaló.
“En este camino de discernimiento, todos debemos practicar la fraternidad, la sinceridad, la apertura y, sobre todo, la humildad, liberándonos de nosotros mismos y de nuestras propias perspectivas. La unidad de todos en Dios es un signo evangélico que constituye una fuerza profética para el mundo”, dijo el Papa León.
La unidad no es “uniformidad de pensamiento, opinión y estilo de vida”, sino que debe nutrirse de la caridad, para evitar ir en detrimento de las convicciones propias, de la libertad personal y de la posibilidad de escuchar la propia conciencia.
Finalmente, el Papa les invitó a dar gracias a Dios por “la gran familia espiritual nacida del carisma de Chiara Lubich” y por los “innumerables frutos de santidad” que ha promovido el movimiento.

