
Imagen referencial. | Crédito: David Ramos / ACI Prensa.
En México, las noticias sobre violencia se repiten cada día con una crudeza que parece no tener fin. En medio de este panorama, miembros de la Iglesia Católica sostienen diversos proyectos en todo el país con la convicción de que “trabajar por la paz no es una opción, sino es un deber cristiano”.
El Diálogo Nacional por la Paz es una iniciativa de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México (CIRM), la Compañía de Jesús y la Dimensión de Laicos que agrupa más de 300 iniciativas en todo el país.
ACI Prensa conversó con los encargados de algunos de estos proyectos que buscan reconstruir el tejido social en regiones marcadas por la violencia.
La ayuda psicológica en la sierra de Chihuahua
En la Sierra Tarahumara —una región montañosa de gran riqueza natural en el estado de Chihuahua— la presencia del crimen organizado ha marcado la vida de las comunidades. Su geografía la ha convertido en un punto estratégico para actividades como el cultivo de amapola, utilizada para la producción de drogas.
La zona ha sido escenario de diversos episodios violentos, entre ellos el asesinatode los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora, el 20 de junio de 2022.
Ante esta realidad, la Diócesis de Tarahumara se ha puesto a trabajar en la prevención y cuidar a los jóvenes, “sobre todo la inserción al crimen organizado. Esta es nuestra principal preocupación”, dijo en entrevista con ACI Prensa el P. Francisco Moriel Herrera, de la pastoral social diocesana.
El sacerdote señaló que, si bien ya existían algunos esfuerzos en esta materia, el asesinato de los jesuitas marcó un punto de inflexión para fortalecer las acciones pastorales y “buscar las herramientas necesarias a través de las cuales podamos efectivamente tener un impacto”.
Entre las iniciativas destaca el programa “Vínculos para la Vida” que se enfoca tanto en jóvenes como en sus familias a través de talleres, acompañamiento psicológico y estrategias de prevención de riesgos psicosociales.
En 2025, el programa llegó a 5.808 personas en nueve comunidades de la región. Con esto buscan que los jóvenes sanen sus relaciones con sus familias y tengan herramientas para no ser reclutados fácilmente por el crimen organizado.
“El sueño es que haya las condiciones suficientes para que la violencia cese. Pero también, las condiciones suficientes para que el crimen organizado no tenga ‘carne de cañón’”, en referencia a los jóvenes que son incorporados a sus filas y expuestos a situaciones de alto riesgo.
La Iglesia junto a las familias buscadoras en Ecatepec
Otra iniciativa se desarrolla en Ecatepec de Morelos, municipio del Estado de México donde la violencia ha marcado la vida cotidiana de sus habitantes. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 88% de la población manifiesta temor frente a la violencia y la delincuencia.
En entrevista con ACI Prensa, el P. José Guadalupe Granados Fitz, encargado de la pastoral social diocesana, explicó que Ecatepec, por su gran población y altos índices de pobreza, enfrenta una fuerte presión en servicios públicos, largos tiempos de traslado e inseguridad, factores que favorecen el aumento de la violencia y otras problemáticas sociales.
Uno de los campos donde la Iglesia ha puesto mayor atención es el acompañamiento a familias buscadoras en el estado, que concentra el mayor número de personas desaparecidas del país, lo que ha generado un fenómeno de familias que buscan a sus seres recorriendo áreas peligrosas como basureros, fosas clandestinas e incluso sitios de prostitución, en busca de pistas que puedan llevar al paradero de sus seres queridos.
En este contexto, la diócesis busca que todas las parroquias estén en esa “sintonía de apoyar y de ser una Iglesia abierta a estos colectivos de familias buscadoras”.
El acompañamiento puede ir desde la celebración de una Misa por una persona desaparecida y el apoyo espiritual, hasta acciones de concientización en la comunidad y el acompañamiento a las familias en su relación con las autoridades.
En varias parroquias también se han instalado los llamados “buzones de paz”, espacios donde la comunidad puede dejar mensajes de aliento o información que ayude en la búsqueda. El sacerdote relató que “afortunadamente llegó una de esas pistas el año pasado”, lo que muestra cómo estos espacios sí funcionan.
“Trabajar por la paz no es una opción, sino es un deber cristiano; es una obra de misericordia, pero es también una necesidad social en un municipio tan lleno de violencia, de inseguridad y de tantas problemáticas sociales”, aseguró.
Centros de escucha en Zamora
En el occidente del país, la violencia también ha dejado una profunda huella. De acuerdo con el ranking de las 50 ciudades más violentas del mundo en 2025, 17 se encuentran en México. Dos de ellas están dentro de la Diócesis de Zamora: Zamora, que ocupa el lugar 12, y Uruapan, en la posición 27.
Jesús Rodríguez Morfín, director de Cáritas Diocesana de Zamora, explicó que “como Iglesia ciertamente no podemos quedarnos quietos, no podemos hacer oídos sordos ni cerrar los ojos ante una realidad que la vivimos todos los días”.
Para ello, han impulsado, entre otras iniciativas, la conformación de “centros de escucha”, espacios donde las personas pueden encontrar apoyo humano y espiritual.
Según explica Rodríguez Morfín, a estos lugares acude “gente que tiene familiares desaparecidos, gente que ha sido violentada, gente que ha sufrido lo que malamente le llamamos ‘levantones’, gente que ha sido amenazada”.
En estos centros se ofrece acompañamiento integral que incluye asesoría jurídica, atención psicosocial y acompañamiento espiritual, con el objetivo de que quienes han vivido experiencias traumáticas “vayan sanando estos sucesos y estas heridas que ellos también tienen”.
De este modo, explicó, la cultura del diálogo comienza a abrirse paso en medio de la violencia cotidiana. “El sueño es que todos podamos vivir y trabajar de manera tranquila, sin tener miedo”, finalizó.

