Comprendiendo los efectos de la comida picante en las niñas y los niños.

Promover decisiones informadas que favorezcan un crecimiento y desarrollo saludable desde los primeros años de vida, la finalidad.

El riesgo de presentar efectos adversos aumenta cuando el picante se introduce antes de los 2 años de edad.

La comida picante forma parte fundamental de la cultura alimentaria mexicana. Salsas, chiles y condimentos intensos no sólo aportan sabor a los platillos, sino que también representan tradiciones y prácticas culinarias transmitidas de generación en generación. Sin embargo, cuando se trata de la alimentación de niñas y niños, es indispensable comprender cómo el consumo de alimentos muy condimentados o picantes puede influir en su salud y bienestar.

La M.S.P. Alejandra Ramos Cortez, Responsable Estatal del Componente de Nutrición en la Infancia y la Adolescencia de los Servicios de Salud de San Luis Potosí, detalló que la comida picante se caracteriza por la presencia de compuestos como la  capsaicina, sustancia natural contenida en los chiles y otros condimentos que actúa sobre receptores sensoriales ubicados en la boca y el tracto gastrointestinal, generando la sensación de ardor o picor. Si bien el picante no es perjudicial por sí mismo, sus efectos en niñas y niños pueden variar ampliamente según la edad, el estado de salud, hábitos alimentarios o condiciones sociales y económicas en las que se desarrolla la infancia.

Posibles repercusiones del consumo de comida picante en niñas y niños, se enlistan las siguientes:

1.- Molestias gastrointestinales, el sistema digestivo infantil es más sensible que el de las personas adultas. El consumo excesivo de alimentos picantes puede ocasionar ardor o irritación en la boca y la garganta; reflujo gastroesofágico; dolor o malestar abdominal y diarrea o alteraciones gastrointestinales leves.

2.- Alergias e intolerancias: Aunque las alergias al picante no son comunes, algunas niñas y niños pueden presentar hipersensibilidad a ciertos ingredientes presentes en salsas y condimentos, como tomates, especias o aditivos. Las reacciones pueden manifestarse mediante erupciones cutáneas, picazón e irritación de mucosas.

3.- Formación de hábitos alimentarios y preferencias de sabor: Durante la infancia, el paladar se encuentra en proceso de desarrollo. La exposición frecuente a sabores intensos como el picante puede alterar la percepción natural del sabor de los alimentos; favorecer la preferencia por productos con alto contenido de sal, grasas o condimentos y disminuir el consumo de frutas y verduras, cuyos sabores suelen ser más suaves. Estas conductas pueden consolidar patrones alimentarios poco saludables a largo plazo.

4.- Riesgo de irritación o lesiones en la cavidad bucal: El consumo de salsas o alimentos extremadamente picantes puede provocar: irritación de la mucosa oral, dolor al hablar o deglutir y en  casos extremos, rechazo persistente a ciertos alimentos. Este riesgo es mayor en lactantes y niños pequeños, debido a la inmadurez de sus mecanismos sensoriales y de protección.

Finalmente, la experta indicó que el riesgo de presentar efectos adversos aumenta cuando: el picante se introduce antes de los 2 años de edad; existen antecedentes de problemas gastrointestinales; no hay supervisión en el tipo y cantidad de condimentos; y si se combina con alimentos altos en grasas o ultra procesados.  Agregó que es importante promover prácticas alimentarias que favorezcan el crecimiento y desarrollo con un enfoque informado y preventivo contribuyendo a la formación de hábitos saludables desde los primeros años de vida.

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