El perico monje argentino es una especie exótica que entró a México como mascota a pesar de conocerse su comportamiento invasor. Ahora que poblaciones silvestres de esta ave se han reportado por todo el país, los expertos temen que su apariencia pueda representar un obstáculo para frenarla. Texto por Sarai J. Rangel
Una plaga de color verdiazul
El pequeño pájaro que se acicala en la imagen de arriba es bonito. Tiene un cuerpo rechoncho, de unos 30 centímetros de altura, cubierto por un vistoso plumaje verde limón en el lomo y gris en el pecho. Arranca el vuelo y deja a la vista el verdiazul de sus alas interiores. Es un ejemplar de Myiopsitta monachus, también conocido como perico monje o cotorra argentina.
En entrevista para Muy Interesante México,Patricia Ramírez Bastida, bióloga de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la Universidad Nacional Autónoma de México, me conduce hasta un terregoso parque en la delegación Gustavo A. Madero, en la Ciudad de México.
“Es uno de los nidales de pericos monje más grandes de la ciudad”, explica. El espectáculo de decenas de vistosos pericos posados en las ramas de los árboles alimentándose, volando en parvadas o asomados en las oquedales de los nidos entretejidos, es surreal.
“La gente las protege muchísimo”, se queja.Parecen olvidar –o peor aún, puede que ni lo sepan– que por muy bonito que sea, el perico monje argentino es una especie exótica para México y por tanto representa un peligro latente para nuestros ecosistemas; el ave incluso figura en el primer listado de invasoras publicado en diciembre pasado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

